Diario. ¿Cómo le regresas a alguien la experiencia de su primer beso? ¿Cómo reviertes lo que te hace sentir? Regresé a casa con un beso robado que no me gustó y, al parecer, con una novia impuesta. Me sentí como un idiota al no saber cómo reaccionar ante todo. Bueno… no sé cómo esperan que reaccione si solo tengo catorce años. No fue como en los poemas. No hubo silencio bonito ni algo que se quedara flotando en el aire. Fue correcto y medido como todo lo demás. Como si alguien hubiera decidido por mí hasta la forma en la que debía recordarlo. Ni siquiera sé si se supone que debía sentir algo. ¿Nervios? ¿Ganas de volver a hacerlo? ¿Alegría? No sentí nada de eso. Sólo pensé que mi primer beso ya no era mío, y que las sensaciones que debería sentir habían sido anuladas y ahora ya no tenía permiso de experimentar. Se suponía que debía ser uno de los mejores momentos de mi vida. Ese que cuando cierras los ojos imaginas y sonríes. Pero ahora me doy cuenta que si te descuidas pued...
-3 am- Diario, A mi madre nunca le ha preocupado si respiro... sólo cómo me veo. —No te ensucies el traje, coño —me dijo mi madre, mientras me sacudía con más fuerza de la necesaria una pelusa invisible del saco negro y tiraba de mi corbata como si quisiera ajustarme también la vida—. Esto no es un juego, Tristán. Yo apenas levanté la barbilla, dejándola hacer lo que se le pegara la gana. Siempre ha sido así, ella corrigiendo, acomodando, puliendo cada detalle como si el mundo fuera a detenerse por una arruga mal puesta. El nudo me apretaba tanto que tuve que tragar saliva dos veces antes de poder respirar con naturalidad. —Ya está bien, madre… —murmuré, aunque sin apartarme. Pero no se detuvo. Nunca lo hace y nunca lo hará. Para ella, todo esto era importantísimo: la razón por la que se despertaba cada día. La apariencia. Sus dedos, fríos y precisos, recorrieron la solapa, alinearon la tela, sacudieron una mota inexistente. Luego retrocedió apenas ...