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18 de noviembre de 1964




Me encuentro de regreso en el internado, y tan sólo puse un pie me metí en problemas. Al parecer, mis compañeros no saben la palabra privacidad y tomaron de mi casillero mi libro favorito de poesía, Les Fleurs du mal de Charles Bodelaire. 

No debería sorprenderme. En este lugar, el encierro y la disciplina forzada provocan que la curiosidad siempre termine siendo malintencionada.

Cuando entré al dormitorio, supe de inmediato que algo no estaba bien. Las risas eran demasiado dirigidas, demasiado conscientes.

Y ahí estaba.

Mi libro.

Ese que me había traído del piso de mi abuelo en París. Ese que había sobrevivido la guerra y la posguerra. Tan antiguo y tan hermoso… En manos de alguien que no tenía la menor idea de lo que sostenía.

—Mira lo que encontramos en el casillero del niño perfecto —dijo uno, levantándolo como si fuera un trofeo—. Vaya… el aristócrata también tiene su lado oscuro.

—¡Devuélvemelo! —le pedí, con la voz firme.

Estaba a punto de lanzarme contra él, pero David me sujetó del brazo.

—Tranquilo, Trist —me murmuró, intentando calmarme.

—Sí, Ruiz de Con, hazle caso a tu noviecito —gritó Sterling.

—¿O es que le lees estos poemitas por la noche? —añadió Sotelo, riéndose.

Lo miré. 

Observé cómo pasaba las páginas sin cuidado, cómo doblaba una esquina que yo había marcado con precisión… cómo leía en voz alta, burlándose de palabras que ni siquiera entendía.

Homme libre, toujours tu chériras la mer ! —leyó, riéndose—. ¿Pero qué es esto, Ruiz de Con? ¿Te crees interesante o qué?

Las risas estallaron.

David me sujetaba del brazo y solo murmuró:

—Es solo un libro.

Pero no lo es.

En ese libro estaban mis pensamientos, mis anotaciones, los poemas que me gustan… esos que me hacen sentir mejor. Pensé que, al menos en eso, estaba a salvo. Pero, al parecer, ni la privacidad ni mi vida existen aquí.

—Te pido que me lo des… o le diré… —intenté mantenerme dentro de las reglas. Intenté hacerlo bien.

Pero Sterling no tiene límites.

—El maricón te va a acusar… —se burló—. ¿Por qué no le dices a tu novio Canarias que te defienda?

Entonces no pude más. Cerré el puño, me solté de David y fui directo hacia él. 

El golpe fue seco y preciso, directo en el estómago. Sterling se quedó sin aire de inmediato y ni siquiera se pudo mover. Me miró a los ojos, sorprendido, cómo si no se hubiese esperado lo que hice. 

Y entonces… se hizo un silencio profundo en la habitación. Nadie se rió, nadie dijo nada.

Sterling cayó hacia atrás, recostándose en la cama mientras intentaba recuperar el aire. Yo me quedé ahí, de pie, mirándolo.

Diario, pensé que en este momento iba a sentir alivio por haberme defendido, o quizá culpa… pero no fue así. Sentí algo distinto. Una mezcla de terror —porque sabía que esto llegaría a oídos de mi padre— y, al mismo tiempo, placer. Como si, por primera vez, hubiera hecho algo que era completamente mío. Algo en lo que realmente era bueno.

—¿Qué has hecho, tío? —me preguntó David.

No lo sé. Solo sé que hice algo… y se sintió bien.

Me sentí muy bien.


Archivo recuperado.

Registro: Lectura de poema
Texto: L’homme et la mer
Autor: Charles Baudelaire
Lector: Tristán Ruiz de Con
Fecha estimada: Noviembre de 1964
Lugar: Internado, Suiza

Descripción:
Grabación recuperada de Tristán Ruiz de Con leyendo en voz alta el poema L’homme et la mer, registrada en una grabadora de casete como parte de una tarea de Literatura Francesa.

El audio presenta ligeras variaciones en el ritmo y la entonación, propias de una lectura íntima más que académica, lo que sugiere una conexión personal con el texto. Este registro se vincula con un periodo formativo en el que la literatura comienza a funcionar como espacio de identificación y refugio para el sujeto.


Texto: L’homme et la mer
Autor: Charles Baudelaire
Intervenciones: Tristán Ruiz de Con
Fecha estimada: 1964
Lugar: Internado, Suiza

Estado del documento:
Fragmento original de un análisis literario del poema "L'homme et la mer", hecho por Tristán Ruiz de Con en clase de literatura francesa. 

Se puede leer el análisis literario hecho por él, y las anotiaciones de M. Dubois. 







Comentarios

  1. Algo tan valioso en manos que no valoran 😱 como son fastidiosos ...

    ResponderBorrar
  2. Ame como lo corrige diciendole que lo haga en francés, me dio gracia 🤭

    ResponderBorrar
  3. Que como es posible que algo tan valioso este en manos de personas que no les gusta y menosprecian.
    Tristán no soy de golpes pero creo que en ese momento lo merecían.
    Creo que hubiera relacionado igual

    ResponderBorrar

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