Internado en Suiza - Foto tomada por Tristán Hoy entendí que hay golpes que empiezan mucho antes de que alguien levante el puño. Jerónimo de Alvarado y Cifuentes decidió sentarse frente a mí en el comedor. No es casualidad cuando alguien como él elige dónde sentarse. Estaba demasiado cerca. Demasiado tranquilo. —¿Sigues escribiendo esas tonterías por las noches, Ruiz? —comentó, jugando con el pan como si hablara del tiempo—. Dicen que tienes un cuaderno debajo del colchón. Que escribes poemas. Algunos levantaron la vista. Yo no respondí. He aprendido que el silencio incomoda más. Entonces añadió, mirando por encima de mi hombro, hacia donde estaba David: —Claro… con razón te juntas con él. Dos poetas. ¿También os cogéis de la mano cuando vais al mar? Se oyeron risas bajas. David dejó el tenedor sobre el plato con un golpe seco, pero no hizo nada. Sólo volteó a verme. Jerónimo sonrió. —¿Qué pasa? —insistió—. ¿Os molesta que lo diga en voz alta? —Tristán —murmuró David mi nombre. N...